martes, 24 de enero de 2012

III Encuentro de Documentalistas Latinoamericanos y del Caribe – Siglo XXI

Buenos Aires, 6 al 9 de julio 2011

PANEL TEMÁTICO 2: Superar asimetrías, promover la integración (Parte II).

Presentación del Coordinador del Panel Octavio Getino (Argentina)

Evidentemente, cuando acabamos de escuchar el Panel anterior, uno, que tiene medio siglo viviendo estas cuestiones, desarrolla algunas reflexiones, las que a partir de lo que se dijo se enriquecen y tienen que ver con la idea de que estamos en un proceso que no es triunfalista, según mi criterio, un proceso con muchas esperanzas, muchos deseos, mucha pasión, pero que no es ni más ni menos la esperanza y la pasión que cineastas, videastas o documentalistas hemos tenido a lo largo de más de medio siglo en América Latina. No voy a hacer una historia de todo eso pero yo me acuerdo que cuando se estaba hablando de las nuevas tecnologías y demás, en los años ’60 hubo un libro muy conocido de un cineasta italiano, Roberto Faenza, “Senza chiedere permesso-Como rivoluzionare l´informazione”, donde estaba planteada y propuesta la metodología para la comunicación a través del cable, de una cámara de televisión en centros urbanos muy reducidos, en urbanizaciones incluso, y esa posibilidad de comunicación vía cable de alguna manera auguraba un futuro democrático para la comunicación audiovisual y sobre todo para una participación de la ciudadanía en ese tipo de producto, eso era a principios de los años ’70.
En los ’70, nos tocó a algunos cineastas de acá comprar unos equipos de video, los magnetoscopios, que era otra tecnología aparecida en ese entonces y fíjense que cuando se habla aquí de producción, por ejemplo en Brasil o en Argentina, de gente que no está haciendo video para el mercado o para la producción, sino simplemente que utiliza ese medio como forma de expresión personal, en ese entonces, UNESCO estaba facilitando en tribus del centro de África la utilización experimental de estos equipos a los fines de que una tribu que no sabía ni leer ni escribir, se comunicase con otra tribu simplemente a través de las imágenes y el sonido que se desarrollaba a través de estas nuevas tecnologías, vale decir, convirtiéndolas en una especie de sistemas de comunicación entre sectores muy atrasados desde el punto de vista occidental y a los que esta tecnología podía serles de utilidad.

En los años ’80 -que fue una época interesante porque en ella se creó el primer proyecto de integración de la radiodifusión y la televisión pública en América Latina que se llamó ULCRA, con base en Costa Rica, y que emitía semanalmente un programa de televisión editado en el Canal 7 de Buenos Aires con escenas e imágenes que venían de cada uno de los países que conformaban esta unión latinoamericana de radiodifusión.

También en ese entonces, apareció el movimiento popular de video latinoamericano, un movimiento muy importante que utilizó la tecnología del videocassette muy arraigada en Brasil, Chile, Bolivia y en menor medida Ecuador y algunos otros países, que ya no se limitaba a la producción del llamado videoarte, como las que se habían comenzado a experimentar en México y Venezuela, sino que ampliaba las posibilidades de esta tecnología como instrumento de comunicación popular. Estábamos con la problemática del intercambio, de la integración, de los contenidos de lo que se estaba produciendo en este tipo de imágenes, y discutíamos en La Habana, antes de la Caída del Muro, la posibilidad de acceder al satélite que utilizaban los cubanos en acuerdo con los soviéticos a los fines de subir al mismo las producciones que estaban haciendo decenas y decenas de videastas de América Latina para que, con una programación adecuada, esas producciones pudiesen ser bajadas en cada país evitando la circulación persona-persona, organización-organización, de lo que serían los soportes, los videocassettes y demás.

Digo esto como antecedente de un proceso de búsqueda, de acercamiento e integración en el audiovisual que viene desde el año ’30 cuando en Madrid se realiza el primer encuentro destinado a la cooperación, en materia de producción sobre todo, y que ha seguido a lo largo del siglo XX Son antecedentes que me parece importante tener en cuenta y que si hoy estamos en la situación donde nos encontramos es gracias a que decenas o centenas de gentes que trabajaban en el cine, después en la televisión, en el video y en el audiovisual fueron construyendo el concepto de trascender el tema del cine por el cine mismo, según se lo entendía convencionalmente, para irlo sustituyendo por el de “Espacio Audiovisual Latinoamericano”. Esta mesa tiene ese propósito, el de hablar de la superación de las asimetrías y promover la integración. Todos los antecedentes que hubo en América Latina tendieron hacia eso y todavía ello no se ha logrado de manera suficiente.

Por mi parte, yo les transmito saludos fraternales a pedido de Alquimia Peña, Directora de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, una institución que tiene un Observatorio del Cine y el Audiovisual Latinoamericano, el OCAL, que me toca coordinar y en el cual, si ustedes acceden al sitio www.cinelatinoamericano.org/ocal van a acceder a lo que es un servicio de información y debate sobre el cine y el audiovisual regional, con datos, estadísticas y análisis cualitativos sobre este sector estratégico de las industrias culturales. Por otra parte, es el único de ese nivel que tenemos hoy en día para la cinematografía de América Latina.

En el OCAL-FNCL se hicieron estudios sobre producción y mercado del cine dentro de los países de América Latina, de los intercambios con otros países de la región, el cine latinoamericano en Europa, el cine latinoamericano en Estados Unidos y una radiografía de lo que ha ocurrido en este sector en la primera década de este siglo. Otro estudio que se hizo fue sobre la incidencia de la digitalización y las nuevas tecnologías sobre la producción y el mercado de cine. Y un tercer estudio se ocupó de reunir experiencias sobre la formación de nuevos públicos para desarrollar una capacidad de lectura y de elección crítica por parte de las nuevas generaciones sin la cual todo lo que nosotros estamos haciendo puede ser agua tirada al desierto. Formar nuevos públicos con un sentido crítico para que cada uno elija por lo que conoce y no por lo que ignora. Me parece que este es otro desafío. Y ahora comienza el último tema de investigación de este año el que se ocupa de lo está pasando con las experiencias del cine y el audiovisual comunitario en América Latina, vale decir, no ya del cine o del audiovisual que está destinado a difundirse en los espacios comerciales, sino de aquellas expresiones que circulan cada vez más en la región, sea entre poblaciones indígenas, afrodescendientes, gays, mujeres, niños y que, de alguna manera, no tienen como propósito hacer lucro, ni siquiera hacer press book, ni, por el momento, catálogos de promoción, sino, fundamentalmente, intentan contribuir a la intercomunicación y a un posicionamiento cada vez más crítico y activo de los agentes de esta labor productiva, cultural y comunicacional. No hay estudio sobre esto todavía, va ser difícil hacerlo, pero en eso estamos.

En relación al Panel que tenemos acá: Superar asimetrías y promover integración, lo más interesante es la posición de los compañeros y las compañeras que están a cargo de informar sobre lo que se experimenta en cada país teniendo en cuenta las asimetrías existentes. A mí me parece importante reconocer la existencia de las mismas, asimetrías en el conjunto del cine y también de la televisión de América Latina. Este es el primer tema que hay que tener en cuenta porque ellas realmente existen.

Cuando se habla de cine latinoamericano lo hacemos de manera bastante convencional. El cine latinoamericano en el siglo XX se ha concentrado en tres países: Brasil, Argentina y México, la mayor parte de los restantes países no tuvo presencia en el cine, ni siquiera en su mayor parte dentro de sus países y menos en la circulación a nivel regional. Superar esas asimetrías supone, como ya se dijo antes, políticas orientadas a la integración; asimetrías que también existen en el interior de los países latinoamericanos más desarrollados, sobre todo allí donde el centralismo de las grandes ciudades ha limitado las posibilidades de expresión y de información de imágenes propias en las regiones alejadas de dichos centros; asimetrías también en las políticas y en la legislación. Será difícil desarrollar líneas de articulación o políticas integrativas reales si no hay un consenso sobre lo que estamos debatiendo cuando nos referimos al cine y al audiovisual, y qué políticas habría que implementar en consecuencia en cada uno de estos países para que las legislaciones sean cada vez más compatibles.

Evidentemente hay dudas e interrogantes sobre todo esto. Recuerdo que cuando firmamos en Caracas, en noviembre de 1989, los convenios de Integración, Mercado Común y Co-producción que dieron vida a la CACI y después a Ibermedia, todos los que representaban a los organismos de cine de Iberoamérica venían con la idea del cine y nada más que del cine, alguno de nosotros incorporamos al debate: hay que poner la palabra “audiovisual” porque vamos hacia lo audiovisual, y no nos poníamos de acuerdo, ¿qué es esto de lo audiovisual? preguntaban algunos ¿cómo definirlo? y yo confieso, como corresponsable de ese término, que dije: “No sé cómo definir lo audiovisual en este momento, pero si no incorporamos al término “cine” todas aquellas posibilidades que se abren cada vez más para la comunicación y la expresión audiovisual estamos recortándonos en todo lo que son las posibilidades futuras de integración y de una acción conjunta y mancomunada en la región”.

Disculpen que haya dado estos antecedentes pero creo que acá lo más importante son los convocados a exponer sobre las experiencias que están realizando en sus grupos de trabajo, en sus organizaciones, en sus países. Yo lo único que rogaría de cada ponente es que proponga también o que sugiera alguna idea en función de cómo, desde lo que se está haciendo, se intentan superar estos problemas de las asimetrías para promover la integración. Vale decir, cruzar datos e ideas, con el fin de que no nos quedamos sólo con exposiciones cortadas verticalmente, en las que cada uno habla de su propia experiencia, sino, junto a ello, aportar alguna idea o alguna reflexión para ver cómo todo esto puede ir concatenándose, vale decir, relacionándose cada vez más para un futuro compartido.

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